En los últimos quince años, las redes sociales han jugado un papel fundamental en el desarrollo humano, revolucionando las formas de comunicación tradicionales y acercando a las personas a través de plataformas en línea. Quizás la explicación menos rebuscada para este fenómeno es que estas plataformas nos permiten adentrarnos en una nueva forma de historia, donde la cooperación, la acción colectiva y la interdependencia compleja, empiezan a jugar un papel fundamental en el desarrollo de las sociedades humanas.

Esto último provoca que no sea un proceso evolutivo meramente tecnológico, sino también social, en la medida que los individuos utilizan las distintas plataformas y dispositivos para construir y hacer política: la acción humana por excelencia.

Es allí cuando, a través de la apropiación tecnológica y el uso de las redes sociales, la propaganda política dice presente para despertar emociones, intereses y sentimientos en los individuos, logrando a través de discursos persuasivos en el plano digital, la movilización y la acción en el plano físico de grupos con intereses ideológicos o culturales.

De Obama a Bukele: entre el cielo y el infierno

Para entender el impacto que tiene la utilización en el ámbito electoral, quizás el caso más importante sea Barack Obama.

Con una campaña revolucionaria en el año 2008, el expresidente de los Estados Unidos logró conectar con votantes jóvenes a través de plataformas como Facebook, Twitter, Youtube y MySpace.

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Foto: Marc Baumann.

Julius van de Laar, director de la campaña de Obama que tenía como eslogan “Yes We Can”, logró utilizar el social media como una herramienta para captar al electorado y obtener datos sobre quién, cómo y cuándo votaba, que luego se utilizaron en los discursos políticos de Barack Obama al incorporar temas cruciales, como el racismo, la migración, la seguridad social y el papel de la mujer en la sociedad norteamericana; una estrategia efectiva que le permitió ganar las elecciones presidenciales.  

Un ejemplo importante en América Latina es el caso de Nayib Bukele, quien arrasó en la elección presidencial en el año 2015, derrotando al sistema de partidos más sólido de la región, con una campaña millennial a través de las redes sociales, donde logró el apoyo de la población más joven.

Bukele se ha viralizado en redes por dar órdenes a su gabinete de gobierno a través de Twitter, su selfie en la Asamblea General de las Naciones Unidas y un insólito tuit desmintiendo haber sido raptado por extraterrestres; sea cual sea el tema, ha logrado un posicionamiento sobre las masas mediante un aparataje político de tecnología y redes sociales.

Pero no todo ha sido un éxito para el presidente de El Salvador.

En medio de la cuarentena por el COVID-19, Bukele ordenó a través de las redes sociales mezclar a los pandilleros que se encontraban en las cárceles -incumpliendo con el aislamiento social-, además de autorizar a los policías y al ejército al uso de “fuerza letal” para contener la ola de violencia en El Salvador.

Estos mensajes hicieron que muchos cambiaran radicalmente la perspectiva que tenían de él y algunos ciudadanos empezaron a tildarlo de autoritaria y fascista. Incluso obtuvo la condena de organismos de protección de derechos humanos como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

Sin embargo, a pesar de obtener fuerte rechazo y oposición a estas medidas, los grupos de la población más radicales en su país mostraron su apoyo a estas acciones, que según él intentan combatir de forma efectiva la delincuencia.

Mediante las redes sociales, Bukele ha sabido al menos legitimarse y aumentar su popularidad entre un gran grupo de ciudadanos, con miras a lograr una posible reelección.

Pero a medida que aumenta el grado de polarización política en el Salvador, se pone en riesgo la democracia y la racionalidad política, sirviendo como caldero para que el populismo se quede en el país centroamericano.

Esto, en efecto, es el populismo en la era digital.

#MeToo y el surgimiento de movimientos sociales en redes

Pero la utilización de las redes sociales también se puede apreciar más allá del ámbito electoral, pues permite visibilizar movimientos sociales.

Un caso significativo es el Movimiento #MeToo, el cual gracias a su impacto en las redes sociales alrededor de todo el mundo, provocó el debate sobre el acoso y el abuso sexual en el ámbito político, académico y musical, teniendo implicaciones en la sociedad, la legislación y la vida.

mee too redes sociales
Foto: Sube Al Tono.

Esta iniciativa dio paso a que, en cámaras estatales de California, Illinois, Oregón, y Rhode Island, respondieran a las acusaciones de acoso sexual que emergieron y, asimismo, sirvió como ventana para que varias mujeres políticas contaran sus experiencias sobre acoso sexual, incluidas las senadoras de Estados Unidos Heidi Heitkamp, Mazie Hirono, Claire McCaskill y Elizabeth Warren. También, este movimiento logró introducir un proyecto de ley para facilitar las denuncias de acoso sexual en el Capitolio.

Durante los últimos años, académicos se han dedicado a estudiar y analizar el surgimiento de los movimientos sociales y su relación con las nuevas tecnologías de la información, de acuerdo a Manuel Castells, autor de Comunicación y Poder (2009).

Algunos casos importantes fueron la “Primavera Árabe” y el movimiento 15-M en España: movimientos que tuvieron su génesis en las redes sociales y lograron empoderar a grupos de la sociedad mediante la tecnología, para luego ir a la apropiación del espacio público, físico, digital y mediático, siendo capaz de orientar acciones en redes y en la ciudad.

En resumen: un cambio de las sedes a las redes.

El 15-M en España: la organización de la sociedad en red

Javier Toret en su artículo “Tecnopolítica: la potencia de las multitudes conectadas. El sistema red 15M, un nuevo paradigma de la política distribuida” (2013), establece que las tecnopolíticas del 15-M pueden concebirse como un patrón de autoorganización en la coorganización en la sociedad red; como una tendencia que cruza innovación política e innovación tecnológica, que se articula como apropiación social y política de la tecnología.

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Foto: Juan Domingo Farnos.

Desde este ámbito, diversos autores definen la tecnopolítica como la apropiación de las herramientas digitales para permitir una acción colectiva; esto es, para permitir la reapropiación de la política por parte de los ciudadanos desafiando a la democracia tradicional.

Al mismo tiempo, en la medida que las redes sociales se han convertido en espacios para el debate, también ha tenido un impacto directo en el aumento de la agitación política. Sasha Lobo, en su artículo “Cómo influyen las redes sociales en las elecciones” (2017), señala cómo las redes sociales privilegian el sensacionalismo, la exacerbación y la dramatización, y esto genera “una mayor polarización política y emocional de la sociedad”.

De este modo, podemos decir que estos espacios pueden causar una pérdida de la racionalidad de los individuos al momento de ejercer política en el plano físico, digital y electoral.

 “Fake news” o cómo las redes sociales se vuelven un peligro

La redes sociales también son utilizadas de forma negativa, específicamente a través de la difusión de noticias falsas o “fake news”, que han sido capaces de destruir campañas políticas presidenciales y puesto en duda la credibilidad de partidos políticos, instituciones y sistemas electorales.

Estas noticias falsas persiguen dos objetivos fundamentales: ejercer influencia política en la sociedad; y captar la atención para ganar dinero a través de la mentira y la manipulación mediática.

Un ejemplo particular sobre la propagación de las noticias falsas, ha sido el caso de Cambrydge Analytica, una consultora política que utilizó datos privados de Facebook para influenciar a los votantes para que votaran por un candidato determinado, en las elecciones de Estados Unidos de 2016, donde Donald Trump resultó electo presidente.

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Foto: The Guardian.

Asimismo, esta mala praxis, fue repetida en las elecciones del Brexit en 2016, por la consultora AggregateIQ, quienes utilizando la información aplicaron estrategias que pretendían influenciar en la psicología de las personas por medio de noticias falsas; el resultado final fue la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea.

En el contexto de las “fake news”, los acontecimientos y acciones políticas se hunden en la marea de opiniones y cobertura de los medios de comunicación, quienes hacen una interpretación de la realidad.

Este fenómeno, ha influenciado directamente en la política. Las elecciones presidenciales de Estados Unidos en 2016 pusieron en el centro del debate los riesgos de la interferencia externa, de las noticias falsas y de la polarización política. A raíz de esto, ha aumentado el escepticismo en las sociedades y herramientas para hacer fact-checking de forma instantánea.

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Foto: Segabg.

Mientras tanto, China, Rusia, Venezuela y países del Oriente Medio, son ejemplos perfectos de gobiernos que hacen uso de la propagación noticias falsas para crear caos, zozobra y desinformación.

En medio de la pandemia del COVID19, innumerables noticias y artículos de opinión están siendo publicados en Facebook y Twitter, donde a menudo promocionan falsas teorías de conspiración sobre el virus.

Al mismo tiempo, un número considerable de diplomáticos chinos promueven activamente las narrativas promovidas por el Estado en sus propias cuentas de redes sociales.

Las redes sociales: una ventana para la interacción política

Una verdad fundamental sobre el impacto de las redes sociales podría estar en que amplifica la voz de muchas personas que fueron calladas, promueve la interacción multidimensional y multilateral entre los ciudadanos y sus gobernantes.

Pero sigue siendo fundamental analizar el impacto de las redes sociales en la política para comprender los riesgos y desafíos a los que se encuentran expuestos las sociedades.

Estas plataformas crearon espacios para la interacción humana en el entorno digital: la génesis de movimientos sociales democráticos y no democráticos. En el mejor de los casos nos permite expresarnos y actuar. En el peor de los casos, permite a las personas difundir información errónea y corroer la democracia.

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