1984, la novela de George Orwell, pudo ser inspirada en nuestros tiempos sin ningún problema. Esta novela distópica tiene como protagonista al Gran Hermano, un ser omnipresente vigilante que todo lo oye y ve a través de cámaras y micrófonos instalados hasta en los lugares más inusitados. Esto, junto a las técnicas de manipulación de la realidad, son las herramientas establecidas para el control de las personas en todos los sentidos. El Big Data, en cierta forma, es el Gran Hermano.

Hoy en día la cesión de datos personales resulta prácticamente inevitable. Los ciudadanos accedemos a múltiples servicios a través de nuestros dispositivos: navegamos en Internet, compartimos información personal, datos de ubicación, contactos, fotos y correos electrónicos, que permiten al algoritmo realizar una mezcla y combinación de datos, para predecir así nuestro comportamiento mediante patrones de conducta en la red.

Sin duda alguna, la carrera tecnológica ha posicionado al Big Data como un recurso muy valioso, que ha logrado trascender la política y los ámbitos de actuación social.

Big Data

El uso actual del Big Data se refiere al análisis de datos del comportamiento de los usuarios que permiten realizar predicciones a través de algunos patrones observados y puede ser aplicado en diversas áreas. Por ejemplo, análisis sobre negocios, sobre publicidad, sobre enfermedades, espionaje o lucha contra la corrupción.

En el ámbito político y empresarial, el Big Data proporciona mucha información útil al momento de tomar decisiones o realizar un análisis situacional. Esta gran cantidad de información puede ser aplicada y utilizada para comprender y resolver diversos problemas.

En el ámbito político, el uso y la adopción del Big Data permite impulsar la productividad e innovación, pero requiere que los actores tanto locales como centrales se involucren en el proceso, trabajen en colaboración y busquen en conjunto el resultado esperado.

Pero, visto desde el punto negativo, los datos masivos pueden influenciar y determinar los resultados de un proceso electoral, habitualmente democrático. Mediante el uso del Big Data, los gobernantes pueden vigilar, controlar y dictar la vida pública mediante las tecnologías de la información como, por ejemplo, a través de las redes sociales, para extender e incluir en la agenda pública sus ideas.

¿Big Data es sinónimo de control social?

Al momento de relacionar el término del Big Data, respecto al control social, debemos de referirnos en primera instancia a la definición del control social.

El control social puede definirse como el conjunto de prácticas, actitudes y valores destinados a mantener el orden establecido en las sociedades. Este puede realizarse por medios coactivos (violentos) o no coactivos; es decir, a través de prejuicios, valores y creencias impuestas o adquiridas por la sociedad en el proceso de socialización.

El control social no necesariamente puede verse como algo negativo, pues aparece como una condición necesaria para el fortalecimiento y la supervivencia del grupo, a través de normas escritas o no escritas. Desde el punto de vista jurídico y sociopolítico, es imposible una sociedad sin normas, donde el bien común funciona como una normativa funcional para el orden social.

Sin embargo, en la actualidad, en la esfera política, social, empresarial y financiera, el minado de datos y la aplicación de distintos tipos de inteligencia artificial en base a estos datos, permite la predicción de patrones de comportamiento de la sociedad: donde están, qué hacen, por dónde se mueven, dónde trabajan y estudian, cuáles son sus motivaciones, sus aspiraciones, qué trayectos realizan; hasta incluso poder realizar un perfil sociodemográfico de cada individuo.

En el ámbito comercial, las empresas y grandes corporaciones, como Facebook, Google y Microsoft, utilizan estos datos para colocar publicidad e información “más adecuada” de acuerdo al perfil de cada persona, siendo capaz de inducir la compra de algún bien material o también la inducción de ideas y pensamientos (falsos o reales) sobre algún tema político.

El mayor riesgo posible es que estas grandes corporaciones venden a diario la información a gobiernos, aparatos estatales, líderes y partidos políticos, que la utilizan, entre otras cosas, para alcanzar el poder o lograr mayor control social.

Big data en tiempos de pandemia

Recopilar y analizar datos en tiempo real es un requerimiento clave para poder tomar decisiones en un contexto de crisis como el que plantea la pandemia de COVID-19.

En los últimos meses hemos podido observar que distintos gobiernos del mundo han utilizado el control digital -a través del Big Data- para monitorear el cumplimiento del distanciamiento social o para rastrear la propagación del virus. Más de 200 millones de cámaras de reconocimiento facial, drones y aplicaciones móviles monitorean la circulación en países como China, donde cada instante de la vida es observado y documentado por las autoridades mediante la tecnología.

En esta era del capitalismo de vigilancia, que no es otra cosa que la compra y venta de datos personales, las nuevas herramientas tecnológicas están desempeñando un papel destacado en la lucha contra el coronavirus, especialmente ahora que se empiezan a flexibilizar las cuarentenas. Sin embargo, muchos expertos temen que estas medidas de emergencia terminen afectando nuestras libertades individuales y se perpetúen los estados de excepción.

Si tomamos en consideración la doctrina del shock, el Big Data puede ser utilizado como mecanismo de control social, haciéndose pasar por un caballo de Troya. Esta doctrina señalaba en el 2007 que a través de impactos en la psicología social, a partir de desastres o contingencias, se pueden introducir reformas impopulares, en medio de la conmoción y confusión.

Yuval Noah Harari advirtió en un artículo publicado en el Financial Times: «Muchas medidas de corto plazo tomadas durante la emergencia se convertirán en parte integral de la vida. Esa es la naturaleza de las emergencias, aceleran los procesos históricos. Decisiones que en tiempos normales llevarían años de deliberación se aprueban en cuestión de horas».

Las intrusiones en la vida íntima y la privacidad podrían estandarizarse y, como resultado, pueden surgir nuevas formas de represión, censura y acoso selectivo. Por ejemplo, las autoridades pueden usar excusas para recopilar información sensible sobre sus ciudadanos. En muchos lugares del mundo, la lucha contra la epidemia solo se utiliza para dispersar protestas, encontrar periodistas o identificar a las personas deportadas.

Hace algunas décadas, tras la guerra mundial, se hablaba de un Estado de vigilancia que se esforzaba por detentar el control sobre todos los ámbitos como instrumento de fuerza y de poder. A través del Big Data, se desarrolla una nueva forma de Estado que nos adentra a una nueva “normalidad”: la sociedad de la vigilancia perpetua.

Hoy, nos enfrentamos a un nuevo poder con enorme impacto en la sociedad, muy diferente al poder centralizado del Estado. Un poder en manos de corporaciones, partidos políticos e instituciones que nos observan a través de los datos.

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